Los seres humanos tenemos una relación bastante curiosa con el tiempo.
Nos quejamos de que no tenemos suficiente, instalamos aplicaciones para administrarlo, vemos videos sobre productividad a velocidad 1.5x y buscamos constantemente maneras de ahorrar cinco minutos.
El problema aparece cuando nuestro brillante método para ahorrar cinco minutos termina costándonos veinte.
Y aun así lo repetimos.
Porque esta vez sí va a funcionar.
Probablemente.
1. Tomar “un atajo” sin saber exactamente adónde lleva
Todo comienza con una frase peligrosa:
“Por aquí debe ser más rápido.”
No conoces la calle.
No conoces el barrio.
No sabes por qué ningún otro automóvil está tomando esa ruta.
Pero algo dentro de ti —posiblemente un explorador del siglo XV atrapado en tu subconsciente— está convencido de que acabas de descubrir una alternativa que miles de conductores locales jamás consideraron.
Diez minutos después estás detrás de un camión de basura en una calle donde apenas cabe un automóvil.
El GPS recalcula.
Tú también recalculas tus decisiones de vida.
2. No hacer una lista porque “son solamente tres cosas”
Necesitas comprar:
- leche;
- pan;
- detergente.
Son tres cosas.
¿Para qué escribirlas?
Entras al supermercado.
Sales con queso, galletas, café, una salsa que estaba en oferta y un objeto misterioso del pasillo de temporada.
Llegas a casa.
No compraste detergente.
Ahora tienes que regresar.
Pero al menos tienes una salsa nueva.
3. Cargar demasiadas bolsas para hacer un solo viaje
Hay personas que realizan dos viajes desde el automóvil hasta la casa.
Y luego estamos los héroes.
Doce bolsas en la mano izquierda.
Ocho en la derecha.
Una caja debajo del brazo.
Las llaves sujetas entre dos dedos que ya han perdido circulación.
Una sandía apoyada contra alguna parte del cuerpo que la anatomía humana nunca diseñó para transportar sandías.
Todo para evitar caminar treinta segundos adicionales.
Entonces una bolsa se rompe.
Una naranja escapa.
La puerta está cerrada.
Y descubres que las llaves están en el bolsillo.
4. No cargar el teléfono porque “todavía tiene 18 %”
Dieciocho por ciento parece muchísimo cuando estás sentado junto a un cargador.
Se convierte en una emergencia nacional cuando sales de casa.
De repente necesitas GPS.
Después recibes una llamada.
Luego necesitas mostrar un código QR.
La batería llega al 7 %.
Activas el modo ahorro.
5 %.
Bajas el brillo hasta que la pantalla parece una pintura rupestre.
3 %.
Cierras aplicaciones que probablemente no estaban haciendo nada.
1 %.
Y empiezas a negociar con el teléfono:
“Aguanta diez minutos y cuando lleguemos a casa te cargo completo.”
Como si el teléfono estuviera considerando la propuesta.
5. Guardar algo en “un lugar donde no se pierda”
Esta frase debería activar inmediatamente una alarma.
Encuentras un documento importante.
No quieres dejarlo en cualquier sitio.
Así que eliges un lugar especial.
Seguro.
Lógico.
Imposible de olvidar.
Tres semanas después necesitas el documento.
Recuerdas perfectamente haber pensado:
“Aquí seguro lo encuentro.”
Lo único que no recuerdas es dónde estaba “aquí”.
6. Intentar arreglar algo “rapidito” antes de salir
Tienes que salir en diez minutos.
Entonces notas que una puerta hace un pequeño ruido.
Podrías arreglarla después.
Pero no.
Esto toma dos minutos.
Buscas un destornillador.
Quitas un tornillo.
El tornillo cae.
Ahora la puerta hace dos ruidos.
Buscas otro destornillador.
Veinticinco minutos después estás viendo un tutorial titulado:
“Cómo reinstalar completamente una bisagra.”
7. No leer las instrucciones porque “esto es obvio”
Una mesa tiene cuatro patas.
¿Qué tan difícil puede ser?
Dos horas después tienes:
- una mesa;
- tres tornillos sobrantes;
- una pieza de plástico que no aparece en ninguna fotografía;
- una ligera inclinación hacia el sureste.
Finalmente abres las instrucciones.
Paso 1:
“No apriete completamente los tornillos hasta finalizar el montaje.”
Tú los apretaste completamente hace una hora y cuarenta minutos.
8. Abrir el correo “solo para responder una cosa”
Entras para contestar un mensaje.
Ves otro correo.
Lo abres.
Ese correo menciona un documento.
Buscas el documento.
Mientras lo buscas encuentras una factura.
Abres la factura.
Recuerdas que tenías que revisar otra cosa.
Cuarenta minutos después cierras el correo.
Entonces recuerdas que nunca respondiste el mensaje original.
9. Hacer cinco cosas al mismo tiempo para “ser más eficiente”
Estás cocinando mientras respondes un mensaje, escuchas un audio, buscas algo en Internet y recuerdas que pusiste ropa en la lavadora.
En teoría estás aprovechando cada segundo.
En la práctica:
- la comida se quema;
- respondes el mensaje equivocado;
- tienes que escuchar el audio otra vez;
- olvidas qué estabas buscando;
- la ropa permanece seis horas dentro de la lavadora.
Productividad máxima.
10. No guardar un archivo porque “todavía estoy trabajando”
Llevas una hora escribiendo.
No has guardado.
Pero no pasa nada.
Tu computadora nunca falla.
Excepto hoy.
La aplicación deja de responder.
La pantalla se congela.
Y durante cinco segundos descubres una capacidad espiritual que desconocías.
Prometes cambiar.
Prometes guardar cada treinta segundos.
Prometes hacer copias de seguridad.
Prometes convertirte en una persona responsable.
El archivo se recupera automáticamente.
Y no vuelves a guardar manualmente durante otros seis meses.
11. Posponer una tarea de dos minutos durante tres semanas
La tarea tarda dos minutos.
Pero hoy no es buen momento.
Mañana tampoco.
El lunes sería mejor.
El lunes estás ocupado.
El miércoles la recuerdas mientras conduces.
El viernes la vuelves a olvidar.
Durante tres semanas has gastado probablemente veinte minutos pensando en una tarea que requería dos.
Finalmente la haces.
Tarda un minuto y treinta y siete segundos.
Te sientes engañado por ti mismo.
12. Elegir la fila que parece más rápida
Hay tres cajas abiertas.
Analizas científicamente cada fila.
Número de personas.
Cantidad de productos.
Velocidad del cajero.
Edad aparente del sistema informático.
Después de una evaluación digna de una agencia espacial, eliges.
La persona delante de ti necesita una devolución.
No tiene recibo.
Quiere hablar con un supervisor.
La fila de al lado avanza.
Y avanza.
Y avanza.
Cambiarte ahora sería admitir la derrota.
Así que permaneces allí por principios.
13. Saltarse una actualización porque “no tengo tiempo ahora”
El dispositivo pregunta:
“¿Actualizar ahora?”
No.
Ahora no.
Nunca ahora.
Hasta que llega el día en que necesitas utilizarlo urgentemente.
Enciendes.
“Instalando actualización 1 de 47.”
Tiempo estimado: suficiente para reconsiderar todas tus decisiones.
14. No llenar el tanque porque todavía queda “bastante”
La aguja está baja.
Pero no tan baja.
Puedes hacerlo mañana.
Al día siguiente tienes prisa.
Entonces aparece la luz de combustible.
Ahora no estás buscando la gasolinera más barata.
Estás buscando cualquier estructura que remotamente parezca vender gasolina.
El ahorro de tiempo ha terminado oficialmente.
15. Pasar veinte minutos buscando una forma de ahorrar cinco minutos
Este es probablemente nuestro talento más sofisticado.
Necesitas hacer una tarea que tarda quince minutos.
Pero seguramente existe una manera más rápida.
Buscas un truco.
Después otro.
Encuentras un video.
El video dura doce minutos.
Lees los comentarios.
Alguien recomienda otra herramienta.
La instalas.
Necesitas crear una cuenta.
Configuras la cuenta.
Treinta y cinco minutos después estás preparado para ahorrar aproximadamente cuatro minutos.
Mañana.
La gran paradoja de ahorrar tiempo
Muchas de estas situaciones tienen algo en común.
No perdemos tiempo porque queramos hacerlo.
Lo perdemos porque intentamos eliminar pequeños esfuerzos, pequeñas esperas o pequeñas incomodidades.
No queremos caminar dos veces hasta el automóvil.
No queremos escribir tres productos.
No queremos leer cinco líneas de instrucciones.
No queremos detenernos cinco minutos para cargar gasolina.
Y entonces creamos una aventura de cuarenta minutos.
Conclusión
Buscar maneras de hacer las cosas más rápido no tiene nada de malo.
El problema empieza cuando dedicamos más esfuerzo a evitar la tarea que a hacerla.
Quizá la próxima vez que estés a punto de tomar un “atajo”, cargar diecisiete bolsas simultáneamente o guardar algo en un lugar tan seguro que nadie —incluido tú— pueda encontrarlo, convenga detenerse unos segundos.
Aunque, pensándolo bien, detenerse unos segundos también consume tiempo.
Mejor seguimos como estamos.
Preguntas completamente innecesarias pero importantes
¿Realmente hacemos estas cosas para ahorrar tiempo?
Sí. O al menos eso nos decimos mientras buscamos durante veinte minutos las llaves que guardamos “en un lugar seguro”.
¿Cuál es el atajo más peligroso?
El que empieza con “yo creo que por aquí se llega”. En ese momento ya no estás conduciendo: estás realizando investigación geográfica.
¿Es posible entrar al supermercado por tres cosas y salir con exactamente tres cosas?
La ciencia todavía no dispone de evidencia suficiente.
¿Por qué siempre elegimos la fila más lenta?
Porque las demás filas detectan nuestra decisión y comienzan inmediatamente a funcionar mejor.
¿Debo hacer dos viajes para cargar las bolsas?
Eso sería razonable. Por tanto, sabemos perfectamente que no lo harás.



0 Comentarios